Mi vida con trastorno límite de personalidad


Esto es algo que me duele contarte... A lo largo de mis casi 27 años de vida he estado luchando, sin saberlo, contra un trastorno de la personalidad, límite, TLP o borderline, como gustes llamarlo. Mis constantes oscilaciones entre la normalidad y la depresión (con cambios bruscos en mis estados de ánimo en solo cuestión de minutos) han degradado todas mis relaciones, personales, amorosas, laborales... Y me han hecho aislarme de la sociedad por el sentimiento de incomprensión, justificado o no, que he creado de mi entorno.

El transtorno límite se caracteriza también por el sentimiento de abandono, real o imaginario, por lo que me aferro fuertemente a las pocas relaciones que logro entablar y hago esfuerzos exagerados para evitar que las personas se alejen de mí, lo que paradójicamente, hace que se quieran ir aún más rápido. Cuando eso sucede, cada adiós es un vacío y un dolor muy fuerte del que me cuesta reponerme.

Para los borderline, nuestros pensamientos son blanco o negro, no hay matices. Pasamos de la idealización de las personas a su devaluación en un instante. Por eso alguien puede ser para nosotros el mejor en el mundo, y por un solo acto, pasar a ser a quien más aborrecemos.

Nunca me pareció que yo fuera alguien carente de identidad, al contrario, me tenía en mi autoconcepto como de personalidad marcada, poco influenciable. Pero a decir verdad, le presto más atención de la debida, sin poder evitarlo, a las opiniones y críticas de los demás, lo que me hizo vulnerable al bullying y a una distorsión de mi autoimagen; así que mi estilo, tal como mi personalidad, era de lo más ecléctico, un popurrí que se reflejaba en mi clóset y todavía hoy, en mi estilo de vida. Pero a veces pienso que romper estereotipos no está nada mal, no digamos que todo es negativo en esto.

Me ha costado conseguir algo que realmente me guste y me llene, ya que lo que más anhelaba era ser normal y sentirme aceptada. Solía sufrir mucho porque no tenía una vida de revista, básicamente creía que la imagen que veía en la televisión era la realidad. Solo imagínense la presión que a veces llego a sentir por no tener una vida digna de Instagram o YouTube.

Soy intensa, es verdad. Vivo con intensidad cada relación, me entrego en cada momento, busco ser excelente en todo y espero lo mismo de vuelta. Eso puede ser malo, nadie quiere a alguien tan demandante en su vida, pero igualmente soy del tipo de persona que puedes llegar a sentir que es increíble. Como te digo, así como esto tiene muchos defectos, tiene sus pros también.

Soy impulsiva. Tomo decisiones y digo cosas de las que luego me arrepiento, no una, dos ni tres veces. Simplemente no puedo controlarlo, así que siempre llego a herir a quien más me importa. A veces se me entierra un pensamiento fijo en la cabeza, del que nunca llego a caer en cuenta que es absurdo.

Desde hace mucho he tenido pensamientos suicidas, ya que me parecía mi vida de lo más miserable, pero nunca tuve las razones suficientes para hacerlo. Eso fue solo hasta que una persona que amo me rompió el corazón en 2015. Y luego otra vez en 2017, así que ya fueron dos intentos.

Soy fácilmente irritable y volátil. Conmigo no es fácil hacer planes, porque tengo el riesgo de arruinar todo en un arranque de ira.

Frecuentemente me siento vacía, que mi vida carece de sentido, o al menos antes me pasaba más a menudo. Estar tan sola me hace cuestionarme si seré suficiente para los demás, o por qué no encuentro mi lugar en el mundo, ¿por qué no parezco encajar en ningún lugar?

Soy asocial y he llegado a pensar que tengo fobia social, ya que se me hace muy cuesta arriba si quiera comenzar una conversación en un grupo de personas y le huyo a las reuniones. Me incomoda hablar demasiado y no se me da bien, por lo que esto ha llegado a afectar hasta a mi trabajo. Nadie quiere a una comunicadora social que no le guste ser social, duh.

Finalmente, siempre pienso que todos me están criticando o que lo van a hacer, por lo que soy una persona bastante insegura.

Es difícil vivir así. Tendré que estar medicada el resto de mi vida y apoyada en psicólogos y psiquiatras, a veces tendré recaídas, sobre todo por el síndrome pre-menstrual, y hay días en los que parece que todo el trabajo interno que he hecho se fue a la basura, pero nadie dijo que vivir fuera fácil, y ya que estamos aquí, vamos a hacerlo bien.

Jessymar Daneau Tovar (@LeTroupeBlog)

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