Sobre la ansiedad social y la timidez

timidez

Estudié toda mi vida en colegios de niñas y fuera de eso, nunca tuve amigos. El ambiente competitivo entre mujeres era un tanto hostil, y el sexo masculino siempre fue, en mi imaginario, una especie diferente y peligrosa con quien estaba prohibido interactuar.

Ir a una piñata era para mí sinónimo de sufrimiento y querer irme pronto; hacer nuevas amigas e integrarme a un grupo era casi imposible en ese largo trecho de mi existencia.

Pulso acelerado, dolor en el pecho y enrrojecimiento, pensamientos borrosos, lágrimas, imposibilidad para hilar una oración coherente, incomodidad... era todo lo que sentía, y ocasionalmente todavía siento, cuando me toca entablar una conversación dentro de un grupo social. Temía decir algo fuera de lugar, que me hicieran una broma pesada o que directamente se rieran de mí.

Ya en la universidad me di cuenta de que no había nada que temer de los hombres, y que, por el contrario, tenían una ligereza ante la vida que yo nunca había conocido. Llegado a este punto, está de más decir que nunca había tenido novio y, por supuesto, nunca había besado a alguien.

Mis primeras citas fueron un desastre porque me sentía realmente incómoda, mientras yo fingía ser alguien interesante. Por supuesto que nunca hubo una segunda. Agrégale un poco de presión social de mis amigas, a las que les parecía inaceptable llegar a ser mayor de edad sin haber tenido novio nunca.

Ya bien entrados los 19 años, fue mi esperado primer beso (les conté la historia aquí). Después de ese vinieron dos decenas más, pero todos tan infructuosos en mi objetivo final de tener, por primera vez en mi vida, una pareja estable. En este estadio de mi vida decidí abrirme al mundo y aceptar cuanta salida estuviera en mi horizonte, multiplicando mis oportunidades de encontrar a mi primer amor.

Y un día, lo recuerdo bien, en mi interior me sentí lista para compartir mi vida con alguien más, y acepté que ese amigo que yo pensaba que no me agradaba físicamente, en realidad me gustaba. Y mucho. Así, a mis 20 años tuve, al fin, un novio.

Pero nunca contemplé que una pareja también venía con un círculo social, en el cual nunca encajé. Pero esa es otra historia.

Pasaron los años y yo seguía con ansiedad social, incluso llegué a verme afectada en mi área laboral por esta causa. Por razones desafortunadas que ya les conté, me diagnosticaron TLP, entré en depresión clínica y comencé mi trabajo interno, con el que ya llevo años.

Recientemente corté toda relación con aquella persona y ese día sentí que algo en mí renació. No sé cómo explicarlo, pero por primera vez en la vida me reconocí como un ser valioso y me decidí a salir de ese foso.

El cambio de pensamiento y de paradigmas es un proceso largo en terapia, en el que me han acompañado los canales de YouTube de Florencia Deffis, Carisma al instante, The Vortex Way, Paula Simple, Esperanza TLP, y el libro de Relaciones de Mía Astral. Es importante la ayuda psicológica y psiquiátrica, medicación (según sea el caso), pero no todo debe quedar ahí. Debes llevar registro de tus pensamientos, actitudes y sentimientos; puede sonar tedioso, pero es la única forma en la que puedes identificar los patrones negativos y cambiarlos. El clásico diario será tu mejor amigo.

Dos cosas que cambiaron un montón mi forma de ver la vida fue el agradecimiento diario –incluso de aquello que damos por sentado–, y encontrar una pasión. En la escritura y la moda hallé todo un estilo de vida y me sentí parte de una comunidad de personas muy queridas. Muchas veces es el amor por mi trabajo lo que me motiva a levantarme de la cama, cada día.

Tener una pasión y una vocación hará tu vida más interesante y eventualmente atraerás a personas con las mismas inquietudes. No intentes perseguir a nadie, ábrete a otros y ellos solos se acercarán. Claro, encontrar mi vocación fue otro camino tortuoso de incertidumbre, presión social y desesperación, que afortunadamente ya superé. 

Incluso hoy, que asisto a eventos sociales, en algunos de ellos me siento perdida e incómoda, pero me gusta, porque lo sigo intentando hasta que me salga bien.

No te tomes a ti, ni a la vida, tan a pecho, que estamos aquí para divertirnos. Comienza hoy tu trabajo interno y al pasar el tiempo, cuando mires al pasado, te sentirás satisfecha de cuánto has crecido.

Jessymar Daneau Tovar (@letroupe)

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