Recuerdos de mi viaje favorito


Luego de salir de la universidad en 2014, decidí que me merecía un viaje y comencé a planificar. En una página de descuentos encontré pocos destinos y por el que me decidí no me llamaba demasiado la atención: el estado Sucre.

Fuimos hasta el terminal de Rodovías en Colegio de Ingenieros y emprendimos un viaje de toda una noche (12 horas rodando en la carretera) para llegar a Carúpano. En el recorrido pude saber cómo lucía una refinería y una laguna llena de flamencos. Recuerdo a la Península de Paria como una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. Me emocionó demasiado pasar por un pueblito pesquero de noche, con sus casitas rurales y chinchorros en el porche, que por alguna razón me recordaban demasiado a una maqueta que hice en el colegio.

Llegamos muy temprano en la mañana a Tunapuy con destino a la Hacienda Aguasana. Ese día éramos los únicos turistas hospedados en esa posada, lo que me hizo disfrutarla mucho más. No les voy a mentir, a primera impresión el lugar no me gustó, tal vez no estaba acostumbrada a viajar en plan slow, en una cabaña sin aire acondicionado y con un viejo televisor. Lo bueno es que con los días me gustaba más y más...











Nos dispusimos a conocer las pozas de aguas termales y barro medicinal, todas a distintas temperaturas, que prometían tener diferentes propiedades curativas. La sensación climatizada de una piscina es de las cosas que me resultan más placenteras en la vida, y esta vez no fue la excepción.

Como la posada contaba con cocina, pudimos preparar nuestras propias hamburguesas y recuerdo que nos quedaron buenísimas. Pasamos el resto del día en la piscina de agua desalinizada, no sé por qué fuera del caos de la ciudad las horas se hacían eternas. Gracias a que las puertas y ventanas estaban recubiertas de una malla metálica, pudimos salir victoriosos de la invasión de mosquitos ya entrada la noche.





A la mañana siguiente, la cabaña se sentía como nuestro pequeño hogar. Tomamos un taxi hasta la playa más cercana, Medina, a una hora de camino. Hicimos una parada en Chocolates Paria –propiedad de la familia de la Miss Venezuela 2011, Irene Esser– en donde recorrimos las plantaciones de cacao, vimos las maquinarias para su fabricación y probamos el licor de cacao.





¡Al fin llegamos! El dueño de la posada nos había conseguido lugar en la zona privilegiada de la playa, aquello era todo un paraíso. El agua de playa Medina era la más helada que he conocido hasta ahora, bastante traslúcida también. Nos salvamos de que nos rozara una medusa, definitivamente fue un buen día.











El domingo fue el regreso y no hicimos demasiado, solo desayunar y ver un caimán. El terminal de noche era definitivamente lo más aburrido y preocupante del mundo. Y así terminó la aventura más bonita de mi vida.

Jessymar Daneau Tovar (@LeTroupeBlog)

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