Ámate a ti misma

abril 15, 2015


"Quiérete como eres" "Ama tus defectos" "Acéptate" son parte de las frases que nos repiten una y otra vez a manera de autoayuda. Pero, ¿tú dejas que otros se amen a sí mismos?

 No puedo quererme a mí misma cuando he tenido que escuchar juicios como "ve a ver si engordas, pareces un palo, pareces la Pantera Rosa, eres una tabla, arréglate más, parece que te vas a partir, por qué no te secas el pelo, ve a la peluquería, pareces gasparín, por qué te tienes que vestir así, parece que tuvieras doce años, si eres chiquita, eres enana, péinate, hablas como una niñita, hablas por la nariz, cómo no sabes andar en carro, farandulera de Metro, qué haces aquí, nos reímos de ti todos los días, eres fea, no puedes ser así, no hagas tal cosa que se ve mal, no bailes así, porqué no te crece el pelo, eres muy flaquita, tienes paticas de pollo, eres un hueso, arréglate esas chichas, no camines así, por qué te pones tacones en la universidad, usas demasiados accesorios" y un largo etc.

No, no puedo estar segura de mí misma cuando sé que apenas me levante de la cama tengo que escuchar todos los días alguno de los anteriores. Y no, no respondo, porque dentro de mí solo quedan ganas de salir corriendo a llorar y no volver a ver a nadie, nunca más.

En el país de las misses, me atrevería decir que el 90% de las personas no cumplen con esos estándares de belleza. Aquí lo bello es tener unos senos y unas nalgas enormes, eso es "sano".

Es absurdo que si millones de venezolanos tienen el pelo rulo, lo que aquí se conoce como "pelo chicha" o "pelo malo", lo único bello es tener el cabello liso y largo. Dejarse rulos es un pecado de estilo según los venezolanos, casi una vergüenza. Aquí nunca tuvieron éxito ni siquiera las surf waves, porque mientras más halado el cabello, mejor.

Si eres muy blanco, entonces ahí eres gasparín, te mandan a ir a la playa o te dicen "la playa es gratis" ¿Racismo? ¿Dónde?

Y así con todo lo demás. Y no, no odio en mí lo que tanto se me critica. Si acaso odio esta panza que se niega a desaparecer para así poder ser flaca uniforme. Me hubiera gustado medir 1,70 o más para poder modelar, cómo no.

Pero más me molesta la hipocresía de los demás, que no dejan de ofender, burlarse, atentar contra mi cuerpo y mi ser con sus señalamientos. Algunas hasta dicen ser muy espirituales y van con el dedo señalando y siendo prejuiciosas.

Acepto mi cuota de culpa. Quizás por no confiar en mí, estoy reflejando una imagen errada. Y también porque si tomara más en cuenta a los piropos y menos a las críticas destructivas, otra historia sería.

¿Por qué si todas somos bellas atacan tanto?¿Aceptar tus defectos? Entonces nadie debería osar a pintarse las uñas, pintarse el pelo, las planchas no existirían, nadie debería de hacer dietas ni matarse haciendo ejercicio, nadie iría al dermatólogo a controlar su acné, nadie hubiera usado brackets.

Usando esa lógica Jessymar no debería angustiarse por llegar tarde a dónde vaya, o no le importaría ser tan poco persistente y tampoco se preocupara por aprender inglés.

Reconocer lo que podemos cambiar, aceptar lo que no. Ahí pienso que está la clave. Por supuesto si no les afecta lo que otros llaman defecto, eso está muy bien.

Pero si acaso quieres ser una mejor persona y sientes interés por ello, cuida tus palabras, tus gestos y tus acciones porque no sabes cómo pueden llegar a herir a alguien más. Y por favor no molestes a quien ya de por sí tiene una vida difícil, proyectando en otros tus propias inseguridades.


Jessymar Daneau Tovar (@letroupeblog)

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