Vacaciones en Galipán con K-oba Eyewear


Este año tuve unas vacaciones perfectas. Ya que el año pasado hubo algunas trabas con el transporte, esta vez quise elegir una opción con traslado incluido, y esa fue Galipán, un pueblito montañoso dentro del Ávila, muy cerca de Caracas. Claro que me gusta más la playa pero, ¿por qué no probar algo nuevo?

Después de buscar algunas posadas, encontré una en donde el costo de dos noches era el equivalente a una en las demás. Además de ser más económica, Cabañas Eneida contaba con una cocina muy bien equipada y era hermosísima, así que la decisión fue fácil.

Por estar ubicada en San José de Galipán, no muy lejos del nivel del mar, el clima aquí es un tanto caluroso, que no te engañe la neblina en el Picacho. 

El sol era muy fuerte, así que mis mejores compañeros en este viaje fueron mis lentes de K-oba Eyewear. ¿Recuerdan que ya les había hablado de ellos en otro post? Me encantó comprobar por mí misma que son ultraligeros, cómodos, sus espejos filtran bien el sol sin ser demasiado oscuros. Definitivamente, otra cosa. Además están bien hechos a mano con madera reciclada y son hermosos. 😍 Muchas gracias por confiar en mí.





Día 1

El señor Chalo nos fue a buscar en el Hotel Ávila, nos sorprendió gratamente su hospitalidad y su don de gente. Nos encontramos con una cabaña preciosa, en donde en cada rincón había un detalle bonito y perfectamente decorada al estilo rústico. Todo lucía limpio y ordenado. Lo más delicioso fue la cama King, también la vista al mar y la terraza con hamaca y vista a la montaña.

Ese día aprovechamos todos los espacios para tomar muchas fotos lindas con mis Kaoba Puerto Rico y más tarde...









Bajamos a un pozo del río San José de Galipán. Para esta historia es importante comentar que solo he subido una vez el Ávila y la pasé tan mal que prometí no volverlo a hacer. ¿La razón? Le tengo miedo a las alturas, y más que eso, a pisar mal y caer por un barranco. Bueno, esta vez caminamos hacia el río en cholas, una fatal idea, y a mitad de camino me comenzaron a temblar las piernas y por un momento quisimos devolvernos, tanto, que el señor Chalo tuvo que ayudarnos a bajar y subir. Al llegar di demasiadas gracias de haber salido ilesa.





Chalo
El pozo estuvo delicioso y fue un pequeño paraíso, creo que de verdad valió la pena.

Al caer la tarde, vimos un atardecer hermoso y comenzó a refrescar, me encantó demasiado haber tenido esta oportunidad.


Día 2

Empezamos el día con un rico desayuno criollo que nos llevaron a la cabaña, constaba de perico, queso rallado, tajadas y unas deliciosas arepas de cambur, típicas de Galipán, gracias a Enjoly.


Después nos alistamos para ir a cumplirle un sueño de vida a mi mamá: conocer el Museo de Las Piedras.

El destino nos puso cerca de él y finalmente pudimos ir al lugar al que mi mamá había querido desde hace más de 20 años. A mí me parecía un tanto extraño, pero, de nuevo, ¿por qué no abrirse a algo nuevo?

El Museo de Arte Ecológico de las Piedras Marinas Soñadoras es un templo a la mujer, razón por la que para entrar debe ir por lo menos una mujer en el grupo. Entras descalza y la llave es armar una escultura llamada “El jardinero"; debes lograr que estas rocas queden en perfecto equilibrio, haciendo analogía al equilibrio interior y a la autoconfianza. Estaba segura de que lo podía hacer y no me di por vencida hasta que lo logré. Para mí fue un aprendizaje de vida.


Cada estación es una oda a la fertilidad, e hicimos actividades lúdicas que me removieron muchos sentimientos.


Lo que más me gustó fue encontrarme con el puerto de La Guaira y al final armar una escultura libre.



Ese día el señor Chalo nos regaló un ramo de flores que cortó él mismo de las plantas que crecen en la posada, un muy bonito detalle. Amé el buen trato de todos en ese hermoso lugar.


Más tarde, nos tomamos uno jugo de fresa y otro de durazno con vista al Picacho.

Día 3

Teníamos ganas de seguir durmiendo, pero había mucho que reempacar. Volvimos a desayunar delicioso y disfrutamos de las últimas horas en este paraíso.


En el retorno hicimos una parada en la posada de Norma y tuvimos un feliz regreso, con un profundo sentido de agradecimiento por haber conocido este hermoso pedacito de tierra, a su gente y sus anécdotas. Para mí, fue un recordatorio de que a veces lo imposible solo tarda un poco más.

Coordenadas:




Jessymar Daneau Tovar (@LeTroupeBlog)

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