Venezuela y sus playas


De la última vez que estuve de viaje, a estas vacaciones, pasaron tres años. En todo este tiempo me dediqué exclusivamente a trabajar sin parar, básicamente sin tomarme libre ni un fin de semana, así que quise hacer algo muy fino y conocer un nuevo destino, pero de ahí a hacerlo realidad hay un trecho muy largo.

El primer obstáculo que tuve que sortear fue el inexistente transporte público en Venezuela, así que me olvidé de volver a destinos tan lejanos como el estado Sucre. El segundo: mi presupuesto. Las posadas que encontré, como era de esperarse, cobraban en dólares, entiendo que como medida para esquivar la hiperinflación, pero no contaba con esa cantidad por noche, por persona, para invertir.

Solo encontré una posada en Boca de Uchire que aceptó PayPal y tenía todo lo que buscaba: vista al mar, dos comidas incluidas, acogedora e instagrameable. Hice la reservación, pero a una semana del viaje me cancelaron el transporte.

Nuevamente a buscar otro destino. Encontré algunas posadas pero, de nuevo, salían de mi presupuesto. Recordé que había un hotel en Tanaguarena, estado Vargas, que era una buena opción, aunque siendo sincera, mis expectativas no eran quedarme en La Guaira. Hice la reserva y nos preparamos para el viaje.


Día 1. Vivir.

Llegamos gracias a un taxi de la app Nekso, en un viaje que se hizo interminable, a pesar de estar relativamente cerca de Caracas. El hotel que escogimos fue Costa Real Suites, del que ya había oído hablar en la página de cupones Tu Descuentón. La primera impresión es que el lugar estaba lindo, pero la piscina se veía un tanto sucia. 20 puntos para la decoración de estilo tribal y para la atención del personal.


El camino a la habitación lucía un poco descuidado, pero al llegar, era muy espaciosa, contaba con área de cocina, sala y un cuarto con una cama enorme. Lo más divertido fue la hamaca en el recibo. La habitación lucía limpia y on point. Excepto la lencería, estaba muy sucia, tal como si hubieran pasado años, literalmente, sin cambiar. Dos ventiladores de techo a duras penas giraban.



Ese día fuimos a Playa Escondida, que nos quedaba muy cerca, pero al regresar nos perdimos brevemente. Ya habíamos escuchado que era de oleaje muy fuerte, así que no fue una sorpresa. Teníamos la playa para nosotras solas prácticamente, el olor a mar y el color azul intenso de las aguas y el cielo habían valido la pena.



Al regresar, disfrutamos de un almuerzo delicioso y abundante, y nos metimos en la piscina, a nuestro riesgo. Era mucho más grande de lo que parecía en fotos.




Día 2. A la luz de las ¿linternas?

Nunca hubiera imaginado lo útil que sería este sombrero de Hawaiira que me regalaron como parte del kit de prensa del evento de World Swimsuits. Este post no es patrocinado, pero ese sombrero vaya que es fresco y protege cara y hombros del sol.



Esta vez fuimos a la playa de al lado, desconozco su nombre, cruzando un riachuelo de lo que parecían aguas cristalinas. Esto era el paraíso. Toldos de palma, cangrejitos en la arena, el Mar Caribe... Pasamos una deliciosa mañana en la playa, pero cuando llegamos...





Se había ido la luz. Fueron ocho horas sin electricidad, el calor sofocante, el aburrimiento y la oscuridad nos sabotearon la noche. La situación del país nos perseguía adonde quiera que fuéramos.

Día 3. La despedida.

No hicimos nada interesante al tercer día, más que desayunar unas arepas a medio hacer y un pedacito de queso. Volvimos a hacer las maletas y esperamos al taxi, pero, ¡sorpresa! Nekso no respondió y tuvimos que comenzar a llamar desesperadamente a otro transporte, hasta que Taxi Tours vino a rescatarnos. Nos fuimos y se había ido la luz... de nuevo. El retorno fue ligero y feliz.

Mi conclusión es que las bellezas naturales de Venezuela son innegables, pero ¿cómo haces turismo en un país sin transporte público? ¿Cómo siendo el más inseguro del mundo? Que por suerte, no tuvimos que comprobar. ¿Cómo con hiperinflación, que lo que ganas debes invertirlo todo en una incompleta alimentación? ¿Cómo vive uno sin electricidad? ¿Volveré algún día?

Jessymar Daneau Tovar (@LeTroupeBlog)

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